He soñado con su color y su inmejorable aroma. He soñado con estremecerla a mi tacto y escuchar en cada uno de sus poros su transpiración. He soñado con probarla. Tu piel. Pero qué más da soñarla si despierto y puedo tocarla. Más aun, con todo y todo, deseo seguir soñándola.
Se estremeció con ese cuerpo que sin tocar ha tocado, que sin verlo ha visto y que sin pensar ha pensado. Es un deseo tal vez, un capricho quizá, pero es un cuerpo real, que existe y que sin embargo sólo tiene en su imaginario.
Y me adentré en el oscuro color de sus ojos como la noche, en ese brillo tan casual de los mismos como la luna, sólo para enamorarme de ti, dama oculta.