Había calculado la mayoría de las probabilidades… Tomaríamos un café mientras escuchábamos la música del trovador y platicábamos de situaciones triviales, de lo que nos había pasado durante el día o de cualquier anécdota que nos arrebatara sonrisas. Pediríamos un postre o quizá una bebida más fuerte, el lugar se prestaba para eso; después caminaríamos por las calles del centro, nos sentaríamos en alguna banca del zócalo o en cualquier otro lugar que nos permitiera seguir platicando. Así en la idea el plan era perfecto. Había pensado en todo eso… Y cuando tuviera la oportunidad te diría que me gustas mucho, mirándote a los ojos me acercaría para darte un beso en la mejilla y recorrería mis labios para besar los tuyos, un beso delicado, sin prisa, que capturara el momento para que pudiera ser recordado como algo bello en nuestro futuro; aprovecharía el aire frío de la noche como un buen pretexto para abrazarte y entonces volvería a besarte si es que el primer beso hubiera...