El frío se cuela por las rendijas del aluminio, el cristal
se empaña de a poquito; metidos en la cama bajo una sábana polar y un edredón
gigante no hay nada mejor que abrazarte para calmar la tempestad, el problema
es que al abrazarte comienza la otra tempestad aunque en realidad ese no es un
problema.
El viento trajo consigo el perfume que descansaba en tu cuello, mi olfato lo recibió con una dulce sensación de frescura y lo transformó en un suspiro, nuestros ojos se cruzaron en una mirada que se interrumpía por fugaces parpadeos. Tus dedos se encontraron con los míos en una inquebrantable cadena y me jalaste hacía ti para unir tu aliento a mis labios desesperados por romper la sequía con el color de tu lápiz labial. Así lo hiciste; cuando el suave toque de tu boca me invadió, un nervioso derrame de emoción cruzó por todas mis venas haciendo que el corazón me latiera mas rápido que si hubiera corrido un maratón, al instante un impulsivo abrazo te acercó a mi pecho y me permitió sentirte, cerquita, tan cerquita que sentí tu pulso igualmente ansioso y tu palpitar también acelerado. Rompimos el beso para sonreírnos, nos miramos sabiendo que nos volveríamos a encontrar pronto; una voz en segundo plano mencionó tu nombre, señal de que tenías que retirarte, y con la última mu...
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Besos.
Lunna.
Susy