Sentí por primera vez el cariño reflejado en tus labios, entonces abrí los ojos a lo desconocido más nunca tuve miedo, sabía que los dos estarían ahí, para dirigirme, para corregirme, para enseñarme a soñar. Y así ha pasado mi primer año: Aprendí lo que es amar a través de sus caricias, cuando suspiran el nombre que me han dado en mis pequeños oídos acompañado de ese dulce beso que refrescaba mi frente y el incomparable abrazo con toda mi mano a uno de sus grandes dedos. Conocí que la ternura se multiplica y que las sonrisas se contagian, que el llanto es mi expresión, pero que también mis “ojitos” lo son, balbuceos que les arrebatan alegrías, gritos que los desesperan, gestos que comunican y algunos manotazos que aun no comprendo si hacerlo está bien o no. Experimenté muchos sabores, texturas, olores, todavía no me queda claro que me puedo comer, que huele bien o que huele mal, si es algo que puedo tocar, aprendo y me divierto, tú me enseñas pero por ahora todo para mí es part...