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Su primer año

Sentí por primera vez el cariño reflejado en tus labios, entonces abrí los ojos a lo desconocido más nunca tuve miedo, sabía que los dos estarían ahí, para dirigirme, para corregirme, para enseñarme a soñar.

Y así ha pasado mi primer año:

Aprendí lo que es amar a través de sus caricias, cuando suspiran el nombre que me han dado en mis pequeños oídos acompañado de ese dulce beso que refrescaba mi frente y el incomparable abrazo con toda mi mano a uno de sus grandes dedos.

Conocí que la ternura se multiplica y que las sonrisas se contagian, que el llanto es mi expresión, pero que también mis “ojitos” lo son, balbuceos que les arrebatan alegrías, gritos que los desesperan, gestos que comunican y algunos manotazos que aun no comprendo si hacerlo está bien o no.

Experimenté muchos sabores, texturas, olores, todavía no me queda claro que me puedo comer, que huele bien o que huele mal, si es algo que puedo tocar, aprendo y me divierto, tú me enseñas pero por ahora todo para mí es parte de un gran juego.

Ya he dado mis primeros pasos y he tenido algunos tropezones, debe ser eso a lo que llaman dolor, pero todo eso sana cuando sus manos secan mis lágrimas y sus brazos rodean mi frágil cuerpo haciéndome sentir protegido y seguro de que estaré siempre cuidado.

Ha sido un primer año de emociones, sensaciones novedosas que se están acumulando en mi mente, de ver, de sentir, de oler, de probar, de tocar; ha sido un año de conocer a mucha gente que me quiere, de ver muchas sonrisas, de recibir tanto y tanto afecto a pesar de que ni siquiera sé exactamente qué es eso. 

Ha sido un primer año de agradecer, de agradecerles a ustedes que lo han vivido conmigo, porque se han preocupado y se han alegrado conmigo, porque sé que estarán al pendiente de mi siguiente paso, porque me levantarán en mi próxima caída, porque llorarán con mis primeras palabras pero sobre todo porque sé que sonreirán mucho, pero mucho a mi lado. 

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