La luz a media intensidad, apenas lo suficientemente brillante para poder ver las letras del teclado. En el respaldo del sofá, a su izquierda, una copa con un dulce licor enfriado por hielos, refrescante y estimulante para la noche calurosa. La música de fondo amenizaba la estancia mientras él abría su bandeja de entrada. Sus ojos no perdían detalle, su mente imaginaba lo inimaginable al leer cada uno de sus mensajes. ¿Será ella sólo una fantasía? Sabía que existía aunque lo único que de ella había tocado, eran sus imágenes. Leía sus frases, aquellos versos que ocultamente para él estaban dedicados, observaba sus fotografías, en especial la de esos labios, esa foto dedicada donde un par de labios se dibujaban sensuales expresando un beso virtual que sin duda le excitaba. Tomó un poco del licor, leyó con cuidado una vez más aquel verso. La imaginó e imaginó sus dedos escribiendo con pasión, imaginó su cuerpo estremecido con cada palabra, imaginó el momento en que tomó la cámara...